Estamos
hartos de oír hablar en nuestros días de que la enseñanza debe cambiar, que se
deben adoptar tanto nuevas formas de enseñar, como nuevas formas de aprender
pero ¿por qué? Pues la respuesta a esta pregunta es muy sencilla: Porque los
niños de ahora no aprenden igual que los niños de antes y debemos adaptarnos a
sus necesidades.
Los
períodos de atención/concentración de los niños han disminuido si los
comparamos con los de unas cuantas generaciones atrás. La media de atención/concentración
hoy en día en un estudiante medio ronda los 20 minutos.
Tras una corta
experiencia de dos semanas en las aulas, puedo afirmar que la desmotivación de
los jóvenes ante las materias y los contenidos que se les presentan como base
de su formación es bastante evidente. Da igual que la asignatura sea Lengua,
Matemáticas o cualquiera de las demás.
Ante esto debemos
plantearnos ¿dónde radica el problema? Bajo mi punto de vista, el fondo de la
desmotivación está anclado en dos puntos principales: la carencia de actualidad
en los contenidos enseñados y, sobre todo, en la forma de transmitirlos.
En
este post me voy a centrar en esa segunda parte, en la que habla del cómo, para
explicar las claves del aprendizaje cooperativo como alternativa a la enseñanza
tradicional de clases expositivas y poco participativas.
El
aprendizaje cooperativo es aquel que se surge de las interacciones entre
iguales (compañeros) y entre ellos con la autoridad (profesor) dentro del aula,
en un proceso social que busca un objetivo común: la integración y el
aprendizaje de todos y para todos por igual, dejando de lado la competitividad
y las estructuras de aprendizaje individualistas.
Lo
ideal para crear un buen ambiente de trabajo en el que el aprendizaje se
produzca de una manera eficaz es dividir la clases para formar pequeños grupos
colaborativos (entre 3 y 5 personas) y de carácter heterogéneo. La
heterogeneidad es una característica muy importante y una de las claves en este
tipo de aprendizaje, ya que lo que se pretende es que todos los estudiantes
tengan algo que aprender y algo que aportar de sus compañeros y de las
relaciones entre ellos, que vaya mucho más allá de los contenidos académicos de
cada asignatura. Los grupos se pueden formar a partir de una sencilla técnica
que garantice su heterogeneidad. Esta técnica consiste en dividir la clase en
tres grandes grupos en función de las capacidades y nivel de desarrollo de los
sujetos: los estudiantes más adelantados, los estudiantes medios y los
estudiantes con algún tipo de dificultad, de forma que cada grupo final quede
conformado por un estudiante adelantado, un estudiante con dificultades y dos o
tres estudiantes medios. Sobra decir que con esta forma de distribución de los
alumnos en grupos tan dispares se fomenta la atención a la diversidad, creando
estrechas relaciones entre los componentes, que deben buscar el bien común a
todos. Integración, respeto y tolerancia son los pilares esenciales del
aprendizaje colaborativo.
Por
otro lado está la figura de la autoridad dentro del aula: el profesor. En el
aprendizaje cooperativo no se concibe la clásica figura del profesor que llega
a la clase con su lección magistral y manda hacer las actividades del libro correspondientes
a su explicación, sino que el profesor debe ser el referente, motivador, contagiando
el deseo de conocer y aprender, y guía que oriente a los alumnos en el proceso
de aprendizaje, del que ellos mismos son los protagonistas.
Ejemplo de Aprendizaje Cooperativo. Colegio Ártica de Madrid.
En
España existen muchos ejemplos de instituciones educativas en las que se
trabaja el aprendizaje colaborativo. No voy hablar aquí de ninguno de ellos en
concreto, pero sí me gustaría nombrar una fundación que se dedica a indagar
para descubrir a los mejores y unirlos a sus filas.
La
fundación Ashoka se encarga de buscar a los “agentes de
cambio” que luchan por mejorar el mundo a través de propuestas innovadoras.
Entre las distintas áreas en las que se mueve, está la educación. Es por ello
que, en 2015, incorporó a su red internacional de Escuelas Changemaker cuatro
colegios españoles (públicos y concertados), para que puedan servir como modelo
y base de inspiración a otros:
Para conocer en más detalle los proyectos de cada escuela dejo aquí el
artículo de donde he sacado la información y los enlaces a las páginas web de
cada centro si pincháis en los nombres.
Tras hacer una investigación en este tema, considero que es interesante
conocer los tres tipos de relaciones de aula que se deben establecer para que el aprendizaje cooperativo tenga éxito.
Las explicaré a continuación basándome en los estudios y trabajos del pedagogo
Pere Pujolàs, que llevó a cabo proyectos de investigación e innovación en los
campos de la personalización de la enseñanza y la autonomía del alumnado y
cooperación entre iguales, cuyo fruto es el programa CA/AC (“Cooperar para
Aprender/ “Aprender a Cooperar”).
Las
relaciones del aula se generan y mantienen a través de los llamados “Ámbitos de
Intervención”. Según Pujolàs son tres:
Ámbito
de Intervención A, enfocado a todas las actuaciones relacionadas con la cohesión del grupo. Es el ámbito
dedicado a formar las pequeñas comunidades de los grupos de trabajo y del
conjunto de la clase. Los alumnos deben tomar conciencia de que forman una
comunidad de aprendizaje en la que todos deben participar de la ayuda mutua,
tanto para enriquecer a los demás como para recurrir a ella en caso de
necesidad. La competitividad queda fuera.
Ámbito
de Intervención B, orientado a la utilización del trabajo en equipo como recurso
para enseñar, o sea, que el aprendizaje cooperativo ayude a los alumnos a
aprender mejor los contenidos escolares.
Ámbito
de Intervención C, entendiendo que el trabajo colaborativo es un contenido a
enseñar. Lo que se dice es que se debe fomentar el uso de esta técnica de
trabajo desde todas las materias, como un recurso común al que los estudiantes
puedan habituarse y recurran a él, fomentado a través del refuerzo sistemático
de las habilidades sociales y cooperativas.
La
forma de trabajar cada uno de los ámbitos (tanto independiente, conjunta como
transversalmente uno o varios de ellos a la vez) es a través de dinámicas de
grupo, juegos cooperativos, actividades, etc. En el programa CA/AC se incluyen y
se describen un sinfín de dinámicas adecuadas a cada uno de ellos, para que
cualquiera que esté interesado las pueda poner en práctica.
Los
tres ámbitos de intervención deben ser trabajados constantemente, ya que las
relaciones establecidas no se garantizan eternamente, puesto que siempre pueden
surgir conflictos o elementos disruptivos que rompan el equilibrio y afecten al
buen funcionamiento del aprendizaje cooperativo.
Para
finalizar me gustaría compartir algunas conclusiones a las que he llegado al respecto de
esta forma de enseñanza-aprendizaje:
La
primera es que el aprendizaje cooperativo debe de ser una dinámica de
funcionamiento de los centros que se instaure desde los primeros cursos para
que el alumnado se acostumbre desde edades tempranas a esta práctica. Si se
tiene una continuidad desde edades tempranas hasta los estudios secundarios, es
probable que se obtendrán mejores resultados al finalizar la educación
obligatoria que si se empieza a establecer esta técnica en la misma secundaria.
Veo
también un posible problema para los alumnos que lleguen de otros centros en
los que se siga la estructura de clase tradicional y se incorporen a una forma
de trabajar colaborativa, aunque bien es cierto que, si el aprendizaje
cooperativo funciona como se supone que debe hacerlo, se luchará por la
integración del nuevo miembro. Esto no significa que el cambio esté libre de
dificultades para el alumno, sobre todo al principio.
Para
concluir solo comentar que, bajo mi punto de vista, este tipo de
enseñanza-aprendizaje no es incompatible con las clases expositivas en las que
el profesor dé unas orientaciones y pautas generales comunes a todos los
grupos, es más, las veo necesarias como punto de partida, aunque después se
vaya centrando la atención en cada grupo individualmente, según las demandas y
necesidades que vayan surgiendo.
El aprendizaje cooperativo debería ser primordial en la educación de hoy en día, puesto que cada vez es más común el trabajo grupal en las empresas. Cuanto mejor estén formados los alumnos para trabajar en grupo, más preparados estarán para la vida laboral de hoy en día.
ResponderEliminarSin embargo, el sistema de educación que hay en España no se adapta bien a este tipo de aprendizaje. Principalmente esto se debe a que los cursos superiores de secundaria tienen una carga demasiado alta de contenidos, lo cual puede dificultar que los alumnos puedan usar el tiempo de clase para trabajar conjuntamente y a la vez cubrir la totalidad del temario.
Excelente aportación acerca de las grandes virtudes de aprendizaje cooperativo. Esta metodología es una herramienta que tiene demostrada desde hace años su eficacia. Y que cada vez se está implantando en nuestros colegios. Pero cuidado, porque también está de moda por parte de algunas instituciones llamar a otras metodologías aprendizaje cooperativo, cuando poco tienen que ver con esta técnica. Además, también hay que superar los rumores de que esta metodología solo funciona con el alumno de primaria y de los primeros años de secundaria. Como muy bien ha señalado Alba, instituciones como el Colegio Ártica llevan aplicando esta metodología años, y no solo en cursos de primaria, si no que tienen eficacia probada en 3º y 4 de la ESO y en el bachillerato. (https://vimeopro.com/jroteroproyecciones/artica/video/112256825). Muchas Gracias Alba.
ResponderEliminarYo pienso que la implantación de las formas de enseñanza-aprendizaje cooperativas deben venir de la mano de una potente innovación, focalizadas en las figuras directivas de los centros. El director debe ser el capitán del barco que guíe tanto al profesorado como a los padres y alumnos hacia las nuevas metodologías.
ResponderEliminarMuchas veces es una labor complicada debido al contexto social y cultural, por eso se deben tener unas fuertes convicciones de base y muchas ganas de lograr un cambio. El colegio Padre Piquer de Madrid es un gran ejemplo de que hasta en las zonas más desfavorecidas se puede conseguir un cambio con mucho trabajo, tiempo y una gran voluntad.
La verdad es que todo el tema este del aprendizaje cooperativo suena genial y sería un clima de trabajo ideal, pero yo veo que a nivel general todavía queda mucho por pelear para que pueda darse en los centros educativos como norma general. Todavía nos queda mucho en las escuelas tradicionales y, por desgracia, no es tan fácil de repente llegar y darle la vuelta a todo.
ResponderEliminarMuy interesante post Alba. Como ha dicho Carmen creo que queda un largo camino todavía en el trabajo colaborativo dentro las aulas, pero que es un camino que merece la pena recorrer. En algunos centros están dando los primeros pasos. Por ejemplo, en el centro en el que estoy haciendo las practicas, instauraron el trabajo colaborativo hace tres años: desde infantil hasta 4º de la ESO. Se nota que a los chicos más mayores, que empezaron la ESO con un método tradicional, les cuesta más aprovechar el tiempo (la disposición de los alumnos es grupal en todas las clases, lo que les invita a hablar). En cambio, en los alumnos de primeros cursos de la ESO, que ya venían trabajando así en primaria, las dinámicas son más "productivas", tienen interiorizados las distintas funciones que tiene cada uno dentro de cada grupo... Funcionan, en definitiva, y pese a la heterogeneidad que has señalado Alba, bastante bien.
ResponderEliminarCuando pasen los años y sean alumnos que completen toda su formación trabajando de esta manera, podremos encontrarnos aulas y metodologías que nada tengan que ver con las actuales.